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Azkena Rock Festival día 1: Passion is not an ordinary word.

Este año cumplíamos nuestro particular décimo aniversario del Azkena Rock Festival, el oficial se celebró el año pasado pero nosotros no fuimos a la primera edición. En una sociedad subordinada a los productos de consumo rápido, a la inmediatez y a la mercadotecnia, diez años acudiendo a un festival de rock es algo más que anecdótico, por lo que el hecho de que durante un lapso de tiempo más que importante, hayamos acudido a la campas de Mendizabala a escuchar y a disfrutar con el rock n´roll debe tener una razón. Esa razón es la pasión por un estilo de música: el rock’n’roll. Pasión que hace olvidarnos de agobios económicos, laborales y familiares para disfrutar de tres días de música. Pasión que une a gente de diferente origen y que durante tres días los convierte en los mejores amigos del mundo. Pasión que hace que se viaje durante horas para disfrutar de tres días de música. Pasión… pasión por el rock’n’roll. Ya lo dice un buen amigo, passion is not an ordinary word.

Pero bueno, a veces hay que dominar esa pasión y supeditarla a otras obligaciones más mundanas, por lo que el jueves, el primer día del festival, llegamos algo más tarde de lo que hubiéramos deseado. Así, tras llegar a Vitoria-Gasteiz e instalarnos en el coqueto hotel “La Casa de los Arquillos” nos dirigimos al recinto del festival. Como decía, llegamos algo más tarde de lo deseado y nos perdimos a Israel Nahs Gripka (también a Si Crauston, Dr. Maha Miracle´s Tonic y a BÖC), un joven y prometedor artista englobado en lo denominado “americana” que por lo que nos contaron estuvo muy bien. Tras adquirir nuestras pulseras que nos daban derecho a disfrutar de tres días de música, diversión y amigos, entramos en el recinto dándonos la bienvenida las guitarras de Twisted Sister. El siguiente paso era canjear moneda del festival y cambiarla por cerveza momento en el que comprobamos que nos habían quitado la barra derecha del escenario grande, ¡sacrilegio! El megahimno hard-rock de Twisted Sister “We´re not Gonna Take It” nos hizo olvidar lo de la barra y levantar el puño mientras coreábamos el estribillo; terminada la canción Dee Snider se acercó a un roadie y le pidió que tradujera: ¿cuántos de vosotros habéis cantado “huevos con aceite”?, una coña particular que divirtió al público y más cuando reanudaron otra vez la canción y todo el mundo cantó “Huevos con aceite” aún más alto y más fuerte que durante el estribillo original. Nos quedamos un rato más disfrutando del concierto en el que demostraron que siguen siendo una gran banda y Dee Snider un fenomenal frontman, todavía en gran forma. No pudimos verlo terminar porque este año la novedad del solape de conciertos evitaba el ritual de peregrinar entre escenarios una vez terminados las actuaciones.

El siguiente grupo era uno de los más esperados, los suecos Graveyard. Una banda de hard-blues con influencias de los grandes grupos de rockeros de los 70 pero sin desdeñar ramalazos psicodélicos o metálicos. Venían presentando nuevo disco editado el año pasado “Hisingen Blues” que sirvió de base para casi todo su set. Dieron un concierto sencillamente fenomenal, de lo mejor de los tres días y que provocó los primeros botes entre el público. Con los últimos acordes de la canción que da título al disco sonando en la cabeza, nos dirigimos al escenario grande, este año bautizado como Levon Helm, para ver a los veteranos Status Quo. He de confesar que desde el principio fui muy reticente a su inclusión pues pensaba que iban a dar un concierto verbenero, pero me equivoqué de pleno. Profesionales, en una forma genial y transmitiendo la energía y el buen rollo consustancial al boogie-rock que vienen practicando desde principios de los 70. Interpretaron todos sus grandes clásicos: “In The Army Now“, “Whatever You Want“,… y versionaron conocidos temas de rock y del blues. Un muy buen concierto que encantó al mucho público que congregó.

Mientras en el escenario pequeño, escenario Robin Gibb, le tocaba el turno a Steel Panther nosotros aprovechamos para charlar con los amigos y comer unos deliciosos y picantes kebbabs. Tenía curiosidad por ver a Pentagram una banda cercana a los postulados de Black Sabbath, pero como suele ocurrir en estos casos olvidan la propuesta original y la actualizan metalizándola en exceso. No obstante fue divertido ver al cantante Bobby Liebing, único miembro original de la banda y un auténtico superviviente, en las pantallas grandes haciendo muecas mientras el guitarrista hacía interminables solos. Decidimos dar una oportunidad a Porco Bravo y nos acercamos al escenario pequeño. Menudo show, “Porco Show“, con el cantante vociferando “Barakaldo, Barakaldo,…” mientras alzaba una cabeza de jabalí. Demencial. Me recordaron mucho a Turbonegro tanto en actitud como en sonido como en la delirante propuesta.

Lamentablemente los solapes, los malditos solapes, nos impidieron ver el concierto completo, una constante a lo largo de los tres días que a mi juicio tendría que ser revisada por la organización, porque el siguiente grupo y el que cerraba la jornada en el escenario grande eran los bostonianos Dropkick Murphys. Su último trabajo es fenomenal y en él colabora el mismísimo Bruce Springsteen, aumentando su influencia folk en detrimento de su hardocre inicial, pero sin olvidar su punk-rock combativo. Lamentablemente el sonido era horrible. Supongo que ecualizar guitarras, bajo y batería junto con banjos, violines, flautas, gaitas,… y la voz de varios cantantes es difícil, pero poner todo al máximo volumen no es solución. Visto lo visto, empezamos viendo el concierto desde la parte de atrás pero según iba avanzando y el sonido no mejoraba, optamos por lo que hizo todo el mundo, pogear como locos entre las primeras filas. Lo pasamos genial y pudimos ver a menos de un metro al cantante de la banda cantando desde el pasillo central del escenario y disfrutar de la enaltecedora visión de la preciosa violinista/cantante rubia.

Para cerrar el día y como suele pasar los jueves del festival nos quedamos un rato bailotenado con los amigos rock fifties en la carpa post conciertos. El camino al hotel, un delicioso paseo a la ida, se convirtió en un tortuoso e interminable viaje a la vuelta. En fin cosas de la cerveza.

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