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Azkena Rock Festival día 2: Txuleta & Rock!

Primero oímos un bombo, luego un bajo repitiendo machaconamente la misma nota y por último unos metales que suenan desacompasados. En efecto, nos había despertado la prueba de sonido de Charles Bradley & His Extraordinaires. Cuando reservamos el hotel no nos percatamos de este detalle. Solo de que estaba céntrico, bien de precio y era bonito. Bien es cierto que pensabamos ir igualmente al concierto. Su disco “No Time For Dreaming” ha sido uno de los que más nos ha gustado los últimos meses y el soul es uno de mis estilos musicales favoritos, pero no contábamos con despertarnos tan pronto. Una ducha, un buen desayuno y darnos cuenta de que para ser punky hay que ser joven (o estar en buena forma y no cumplimos ninguna de las condiciones). ¡Qué agujetas! el salvaje pogo durante el concierto de los Dropkick Murphys pasaba factura, eso sí, bajamos las escaleras del hotel silbando el “T.N.T.” de AC/DC que tocaron los bostonianos.

Tuvimos suerte y conseguimos una mesa a la sombra en las terrazas de la Plaza de la Virgen Blanca y desde ese privilegiado sitio pudimos disfrutar del extraordinario concierto de Charles Bradley & His Extraordinaires. Pese a que ni la hora ni el lugar acompañaban, tanto él como su banda demostraron una alta profesionalidad y nos ofrecieron un show lleno de soul y de ritmo. Basaron todo su set en su nuevo disco, cerrando la primera parte del concierto con una extraordinaria versión del “Slip Away” de Clarence Carter. Tras un instrumental de la banda, Charles Bradley volvió a salir y nos brindó una magistral imitación/homenaje a James Brown: similares gestos y gritos, los mismos bailes, la forma de cantar,… todo nos recordó a Mr. Dynamite. Tras esto, la versión del “Heart of Gold” de Neil Young y una estremecedora interpretación de “Why Is It So Hard” con la que se despidió entre vítores y ovaciones del público.

La comida se alargó más de lo esperado porque el sitio acompañaba. Optamos por ir al Hor Dago! donde celebraban el Txuleta & Rock: Una buena txuleta a la sombra mientras escuchas buena música en directo. No se puede pedir más. Después del patxaran nos dirigimos al recinto llegando cuándo empezaba el concierto de Gun. El viernes era el más flojo de los tres días y posiblemente el viernes más flojo de cuántas ediciones se han celebrado del festival. Desconcocemos cuál ha sido la razón para que el festival haya optado por rebajar las pretensiones, pero varios hechos, como establecer la apertura de puertas más tarde y por lo tanto limitar el tiempo de los conciertos, el reciclaje de carteles, y de moneda, de anteriores ediciones y otros festivales, la ausencia de detalles como grafías en los escenarios o barras o más urinarios nos dan pistas acerca de que este año el festival ha sufrido un recorte económico. La crisis económica es global y el rock no podía escapar de ella. Finalmente las cifras de asistencia han cumplido las expectativas de la organización y esto parece asegurar la continuidad del festival, esperemos que sea así.

Como decíamos, llegamos a Mendizabala cuándo Gun iniciaban su concierto en la carpa, escenario Adam Yauch, pero hacía tanto calor dentro que preferimos verlo desde la parte de atrás. Se había hecho mucha mofa acerca de este concierto, pero la verdad es que no estuvo tan mal, fue un concierto digno, de una banda que hace mucho tiempo tuvo sus quince minutos de gloria. Conscientes de ello basaron su concierto en temas de su primer disco “Taking on the World” como “Better Days“, un hit allá por el año 1989, “Shame on You” o “Money (Everybody Loves Her)” y aprovecharon para presentar un par de canciones nuevas. Tras estos, en el escenario pequeño era el turno de una de esas prometredoras bandas con la que nos suele sorprender el Azkena: The Amazing. Con unos postulados cercanos a sus compratiotas TSOOL, aunque con una tendencia mayor a la experimentación y a los largos desarrollos instrumentales, prometían mucho, pero fue precisamente su atractivo lo que se convirtió en su principal handicap, pues canciones que superaban los 5 minutos y en gran parte instrumentales deslucieron un concierto pensado para otro escenario y otras circunstancias. Esperamos que vuelvan y giren por sala.

No obstante el jucio emitido es parcial ya que este concierto se solapaba (malditos solapes) con el del hermanísimo y ex Black Crowes Rich Robinson y no lo vimos terminar, pero el de este era uno de los objetivos del festival. Sabíamos que Rich no tiene nada que ver con su hermano Chris y que el concierto no tendría que ver con el ofrecido por la banda hace unos años, uno de los mejores de la historia del ARF, pero su disco “Through a Crooked Sun” es de lo mejor de este año. Aún así nos sorprendió la frialdad con la que comenzó el concierto. Un concierto que fue de menos a más, que sirvió para que Rich, por si hubiera alguna duda, se autoreivindicara como un excelente guitarrista brindándonos preciosos solos y luciéndose con el uso del bottleneck. No fue hasta el tema de la Velvet “Oh, Sweet Nuthin’” cuándo empezó a arrancar el concierto, pero era un poco tarde, el siguiente fue una inespereda canción de los Black CrowesWhat is Home“, para terminar con una excelente versión del clásico de Neil YoungCinnamon Girl“. Un broche de oro para un concierto técnicamente perfecto pero al que le faltó algo de pasión.

Terminado este, teníamos dos opciones: ir al escenario pequeño y ver de The Screaming Tribesmen o a la carpa y ver a Black Label Society. Optamos por la primera más por curiosidad que por otra cosa, porque desconocíamos el grupo y ¡menuda sorpresa! Rock’n’roll high energy de escuela australiana con deliciosos ramalazos power pop. La banda, a pesar del poco público estaba superentregada y este se lo agradeció ovacionando cada tema. Lo dicho gran concierto.

Acabado el concierto de los aussies nos acercamos a la carpa al concierto de Black Label Society pero aquello era más heavy que una lluvia de hachas y huímos de allí como alma que lleva el diablo. Los ingleses Gallows empezaban a ocupar su sitio en el escenario pequeño mientras sonaba la intro de “Misery” cuándo llegamos nosotros y una vez se hubieron colgado las guitarras el caos dominó el escenario y las primeras filas, tanto que tuvimos que retirarnos a la parte de atras a riesgo de perder nuestros katxis. Quién esto suscribe prefería al anterior cantante de la banda, tanto por la voz como por la imagen de psicho a punto de perder el control que daba un plus al grupo, pero el nuevo no lo estaba haciendo nada mal. Cuando vas con más gente te has de amoldar al grupo y era el único a quien le gustaban los Gallows, por ello nos fuimos a medio concierto para ver a Ozzy Osbourne.

Visto lo visto el año pasado y más después del fiasco de la frustrada reunión de Black Sabbath no esperaba nada de este concierto y a fé que no me equivoqué. Pese a que Ozzy estuvo mejor de voz y de físico que el año pasado y más animado también enchufando a las primeras filas y a él mismo de espuma, el concierto fue igual que el del año pasado. La misma banda metálica, parecido repertorio (“Mr. Crowley“, “Shot in the Dark“, “Bark At The Moon“,…) y los mismo e irritantes tics, el ventilador, los interminables solos, etc,… Con los solos de “Rat Salad” nos empezamos a aburrir, pero decidimos darle una oportunidad y esperar a que apareciera el bajista original de Black Sabbath, Geezer Butler, pero tampoco mejoró la cosa con el guitarrista empeñado es masturbar el mastil de su guitarra con inútiles solos corrededos que desvirtuaban las canciones clásicas de la banda (“Iron Man“, “War Pigs“,…), tampoco mejoró con la incorporación de Zakk Wylde a las seis cuerdas que se empeñó en demostrar que era mejor guitarrista que el anterior haciendo solos aún más largos. Demasiado para nuestra paciencia. El contraste de pasar de una inútil exhibición guitarristica al rítmico e hipnótico rock de Lüger en el escenario pequeño fue de los más extremos que hemos visto en este festival. Aún así me gustó mucho el concierto de este combo madrileño. Con la canción “Hot Stuff” se salieron, pero debería haber estado programado en la carpa para cerrar el día con todo el mundo bailoteando como posesos.

Nunca me gustaron Mars Volta así que durante su concierto optamos por reunirnos con los amigos que vemos de año en año y comentar las anécdotas de años anteriores, recordar a viejos amigos que nos han dejado y alegrarnos con los nuevos y con las nuevas y buenas noticias. También aprovechamos para sacarnos mil y una fotos, de esas que revisadas en día después te producen vergüenza ajena pero que te niegas a borrar porque te recuerdan a esos momentos en que nada importa, solo el rockn´roll, los amigos y Paul McCartney. Porque el Azkena también es eso. Bendito McCartnismo.

Teníamos previsto ver a Danko Jones en la carpa, pero mientras estabamos en el cesped frente al escenario pequeño riéndonos como críos, aparecieron en este Dick Brave & The Backbeats y nos atraparon con su divertido rockabilly con el que nos lo pasamos en grande bailando y jugando a adivinar la canción, ya que versionaron a Green Day, Pink, Michael Jackson,… la actitud de la banda en el escenario también ayudó a que nos lo pasaramos bien ya que ellos dan espectáculo con divertidas coreografías que no sirven para esconder que son muy buenos músicos.

Terminado este concierto optamos por ir al hotel y no quedarnos a la “verbena” postconciertos, ya que el sábado era un día muy interesante y probablemente duro. Y sí, el camino de vuelta a casa volvió a ser tortuoso y largo, muy largo, larguísimo…

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